"Mucho más", por Blanca Calvo

Retrato I: Espectralismo y post-espectralismo.

         Music for pieces of wood atrapa desde el primer sonido. Hay algo de ancestral en esta música que ha pasado la criba del tiempo sin perder un ápice de frescura en más de cuarenta años. No es solo una cuestión rítmica; es cómo, a través del ritmo, el tiempo cobra otra dimensión, difuminando el significado de compás y, entonces, la experiencia se torna intensa, y profunda.

         En el concierto de hoy, las palabras previas a la música del director del Plural, Fabián Panisello, prepararon al público, y el entusiasmo callado de unos intérpretes que parecían divertirse con cada nota acabó por calentar a un auditorio con ganas de ser sorprendido.

         Con Piano Phase llegó la seducción. La escuchamos en su versión para dos pianos y dos percusionistas. Qué buena música. Contagia y arrastra. Piano Phase es un juego de desfase magistralmente construido que suena mecánico y espontáneo al tiempo.

         Steve Reich es un downtown genial; uno comprende, al escuchar su relato, el respeto que su obra infunde a clásicos, rockeros y electrónicos. Su minimalismo invadido de vocación rítmica comunica de manera directa, sencilla… Seductora. No sé que tiene todo Reich, pero su música inyecta energía y está definida por una rotundidad en la que los músicos del Plural creen, y han sabido transmitir (lo mismo pasaba con Copland: tal vez eso siga definiendo la música americana). Versión, la de hoy, limpia y hermosa. Seria. Quizá otra disposición instrumental, con los pianos menos encajados al final del escenario, habría dado más brillo al resultado acústico.

         El encuentro continuó con música francesa, Settembre, de F. Paris. Y digo “encuentro” porque, a estas alturas, la atmósfera de calidez se había apoderado del público, y tuve la sensación de que los oyentes estábamos como en un encuentro, cálidamente situados alrededor de los músicos. Paris estaba en la sala y escuchó la versión de un Panisello que supo traducir con claridad de gesto y comunicación con el grupo. Es un director limpio, concentrado y ajeno al reclamo del público. Los músicos se sienten seguros y libres con él, y eso comunica con el público. Percibí en él, durante todo el concierto, un respeto profundo por la música que estaba interpretando, algo muy de agradecer en estos tiempos raros, en los que los protagonismos se confunden.

         Música brillante, muy bien orquestada, la de Paris. Tiene su investigación sobre la superposición de temperamentos algo de reto, de intuición, de tentativa. En su música escucho deudas, referencias que todavía no se han convertido en Paris. Tal vez es una manera de percibir futuro.

         Tras Settembre llegó el descanso. Apetecible, incluso entusiasta descanso. Comentarios, reflexiones, en los corrillos de este público realmente humilde, despierto y sonriente ante lo que se le ofrece.

         Tras él, más música francesa. T. Murail busca el espectro de colores en que se descompone el sonido, y en su búsqueda entramos nosotros, percibiendo su discurso como una impresión que, sin embargo, suena rotundamente estructurada. Treize coleurs, música de transformaciones imperceptibles, sensibles, exquisitas, transformó la atmósfera que había en la sala, contrastando intensamente con la extroversión de City life. Pienso que City life es una muestra de poder: Reich es un músico libre, sin complejos, capaz de integrar elementos lejanos, antagónicos, ajenos entre sí, con un dominio absoluto del sonido, en el más extenso sentido de la palabra. Reich no teme las referencias, las fusiones, los riesgos logrando que, finalmente, todo suene a Reich.

         Y los músicos del Plural ágiles, virtuosos, soberbios todos, sonreían. Realmente estaban zambullidos en la obra, cómodos ante la complejísima partitura, disfrutando, de nuevo, cada nota. Y eso volvió a reflejarse en una versión fresca, cálida, excelente.

         Qué lujo de música, de dirección y de interpretación. De esas que es difícil oír en directo. No se pierdan el siguiente.

         Madrid necesita más de esto... Mucho más.

 

Blanca Calvo, 18 octubre 2016